Bibliotecas como puentes:

mpliando el acceso a la educación para las comunidades indígenas en la Amazonía

Por Thamara Romero

La Amazonía es una de las regiones más ricas del planeta desde el punto de vista biológico y cultural; sin embargo, sigue siendo una de las más desatendidas en materia de educación. Los niños y jóvenes a menudo enfrentan largos trayectos para llegar a una escuela, escasez de maestros y una falta crónica de recursos. La pandemia de Covid-19 profundizó estas desigualdades, revelando una verdad urgente: la educación en la Amazonía no puede reimaginarse sin escuchar a las propias comunidades.

OFELIA nació con una convicción simple pero poderosa: la educación debe crecer desde el interior de las comunidades, y la innovación puede ser un puente hacia la igualdad. Desde 2023, OFELIA ha trabajado de la mano con los pueblos indígenas en Venezuela y Ecuador, expandiendo su alcance a Perú e incluso más allá del continente, hasta Camerún.

Nuestra idea rectora es que las bibliotecas pueden ser instrumentos de empoderamiento: no reemplazan a las escuelas ni a las universidades, sino que llenan los vacíos dejados por sistemas frágiles y ofrecen nuevos caminos hacia el conocimiento, la creatividad y la autodeterminación.

 

Bibliotecas como puentes

Las llamamos “puentes” porque conectan mundos que, con demasiada frecuencia, permanecen separados.

Una biblioteca en la Amazonía no es solo un lugar de libros: es un espacio vivo donde las tradiciones orales se encuentran con las palabras impresas, donde las lenguas indígenas se celebran en lugar de olvidarse, y donde los jóvenes descubren que el conocimiento fluye en ambos sentidos: desde los abuelos que preservan la sabiduría ancestral, y desde las redes globales que abren nuevos horizontes.

Las bibliotecas preservan lo local mientras lo conectan con lo universal. Son espacios de encuentro, de diálogo y de creación colectiva, donde el pensamiento crítico se convierte en una herramienta para la transformación social y donde el acto de leer es inseparable del acto de pertenecer.

Los obstáculos siguen siendo inmensos. La geografía aísla a muchas comunidades a las que solo se puede llegar por río o por avión.

El idioma también divide: los niños crecen hablando lenguas indígenas, mientras que la mayoría de los materiales escolares existen solo en español. Esta exclusión lingüística a menudo lleva a las familias a desincentivar a sus hijos de hablar sus lenguas maternas, empujándolos en su lugar hacia el español.

A esto se suma la escasez de maestros y libros, y las fuertes presiones socioeconómicas que llevan a muchos jóvenes a abandonar sus estudios por trabajos informales o peligrosos, incluida la minería ilegal; el panorama se vuelve dolorosamente claro.

En el territorio Pemón-Kamarakoto de Canaima, Venezuela, estos desafíos toman forma concreta. La comunidad sufre no solo el abandono educativo, sino también crisis ambientales y de salud: aguas contaminadas con mercurio, deforestación y la sedimentación de los ríos que alguna vez sustentaron la vida.

Sin embargo, incluso aquí, en medio del aislamiento y la adversidad, la esperanza echa raíces.

Junto a los líderes locales y los ancianos, OFELIA y sus socios están creando una biblioteca comunitaria, tanto física como digital. Servirá a más de 300 jóvenes y mujeres, brindando acceso a libros, recursos digitales y un espacio para el aprendizaje y el intercambio.

Pero más allá de eso, la biblioteca se concibe como un centro comunitario: un lugar donde se cuentan historias, se preservan las lenguas y la cultura vive a través de la literatura, el arte y la memoria colectiva.

Es un gesto suave pero radical: un acto de resistencia cultural y un refugio frente a las presiones que empujan a los niños hacia el trabajo infantil o la minería insegura.

 

La educación como un bien común

La biblioteca en Canaima contribuye directamente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, particularmente al ODS 4 (“Educación de Calidad”), pero también a otros relacionados con la reducción de la pobreza, la igualdad de género y la protección del medio ambiente.

Al asegurar que el conocimiento llegue incluso a las comunidades más remotas, OFELIA desempeña un papel complementario e indispensable allí donde los sistemas formales no logran llegar.

Como solemos decir: “A los lugares a los que la universidad no puede llegar, llegan las bibliotecas”.

Nuestra visión es integrar las bibliotecas en los territorios rurales e indígenas como extensiones del conocimiento académico, democratizando el acceso a la ciencia, la tecnología y la cultura. A través de estos puentes, la educación superior se vuelve menos una utopía y más un derecho colectivo.

 

La innovación de la biblioteca

La innovación, en la labor de OFELIA, no se trata solo de tecnología, sino de cómo circula el conocimiento. Tradicionalmente, las bibliotecas eran vistas como depósitos, como “hangares de libros”. Nosotros las imaginamos de manera diferente: ecosistemas dinámicos de aprendizaje donde los libros se encuentran con el arte, donde la literatura se cruza con la ciencia, donde lo impreso y lo digital coexisten. Son lugares de invención continua, donde las comunidades no solo acceden al conocimiento, sino que también lo producen.

Como escribió alguna vez la psicoanalista argentina Silvia Bleichmar: “La resistencia de la cultura es el derecho al pensamiento”. En tiempos de crisis, las bibliotecas nos recuerdan que la cultura no es un lujo: es una forma de supervivencia.

El trabajo de OFELIA no es solitario. Estamos construyendo colaboraciones transnacionales entre bibliotecas y universidades, conectando a educadores, investigadores y líderes indígenas a través de los continentes.

Cada biblioteca comunitaria que creamos se convierte en parte de una constelación mayor: una red de espacios comprometidos con el aprendizaje, la dignidad y la imaginación.

Porque, al final, las bibliotecas son más que colecciones de libros. Son puentes: entre generaciones, entre idiomas, entre formas de conocer. Son la prueba viviente de que la educación puede ser tanto local como universal, arraigada y abierta, tradicional y transformadora.

Thamara Romero is the founder and President for the Organization for Education, Leadership, innovation, and Agriculture (OFELIA). She leads OFELIA’s mission with passion and commitment. She is a lawyer with 27 years of career experience in international trade law, international negotiations, intellectual property, policy development, program management, and implementation acquired at the United Nations and as a diplomatic representative. She is also a writer, lecturer, women leadership mentor, and a passionate reader with experience in educational projects.